La epidemia de fiebre amarilla de 1870 en Barcelona

En el mes de agosto de 1870 se declaró en Barcelona una epidemia de fiebre amarilla que provocó más de mil doscientas defunciones. 

La enfermedad, provocada por la picadura de un tipo de mosquito,  se extendió por los cuatro distritos de la ciudad. 

La mayor parte de las infecciones tuvo lugar en la barriadas de la Barceloneta y la Ribera. La gente abandonó en masa esas zonas y se refugió en el Raval, por lo que según las estadísticas de que disponemos, el mayor número de fallecimientos se produjo allí (hay que tener en cuenta sin embargo que en el Raval se encontraba el Hospital de la Santa Creu )  El sexo masculino y las profesiones que tenían relación con el mar fueron los más golpeados por la epidemia. De hecho, las personas relacionadas directamente con empleos del mar representaron una cuarta parte de los fallecidos.

Según los medios de la época, las mejoras sanitarias implementadas por el ayuntamiento barcelonés permitieron la erradicación de la epidemia. Parece que la experiencia ya vivida en 1821 en la ciudad, donde se produjo un primer brote mucho más letal, preparó la respuesta de  las autoridades. 

El confinamiento total de la ciudad , la  falta de víveres  y los altercados de la primera  epidemia no se repitieron en 1870.

Por último, se habla de que estos acontecimientos precipitaron el traslado de gran parte de la población barcelonesa al barrio del Eixample, recién derribadas las murallas que encorsetaban la ciudad.

La vida en la Barceloneta siguió, los pescadores volvieron a faenar al cabo de unos meses. En la foto de la derecha, el modo de vida de los pescadores de la Barceloneta, según una foto de 1913

Foto del consistorio barcelonés en la celebración del fin de la epidemia de 1870
Arriba grabado del puerto de Barcelona en el siglo XIX y Foto aérea de la Barceloneta a principios de los años 20 del siglo XX

Los artículos de la Ilustración Española sobre la epidemia, octubre y diciembre de 1870

El primer artículo del mes de octubre hablaba así de la amenaza ;

Los periódicos han referido las tristes causas que han dado lugar al desarrollo de la fiebre amarilla en Barcelona. La Barceloneta, o sea el arrabal de la marina, ha sido desde el primer momento fuertemente castigado por tan terrible azote. En un instante quedó
aquel animado puerto triste y abandonado. Los infinitos barcos que a todas horas llenan la rada se alejan y el grabado que reproducimos da una idea de la soledad que reina donde no hace mucho todo era vida, trabajo, comercio, movimiento. Sólo unas cuantas lanchas pescadoras surcan el agua. Los habitantes de la Barceloneta abandonan sus hogares para refugiarse en la ciudad. La escena es desoladora y constituye, por decirlo así, el principio de las calamidades que pesan sobre la capital del Principado. Todo ha quedado allí en suspenso ; las tiendas y las casas de las calles principales están cerradas, numerosas familias han abandonado la población, y todo en ella acusa el fúnebre pesar, el profundo temor que se ha apoderado de los mismos.
 ¡Quiera Dios mitigar esta desgracia, permitiendo que vuelva en breve á la hermosa é ilustrada
Barcelona la animación y el movimiento de sus mejores tiempos!

Y pocos meses después:

Dios ha escuchado nuestras fervientes súplicas! Extinguiéndose la calamidad
que ha pesado sobre nosotros, tan solo quedan como su natural consecuencia
algunos aislados casos, que no constituyen ya epidemia, postreras convulsiones
de la enfermedad agonizante. Al llanto del dolor deben suceder las lágrimas
de reconocimiento, y por ello congregadas mañana vuestras Autoridades y
esta Junta Municipal de Sanidad en el Santo Templo, elevarán sus preces al
Altísimo en acción de gracias: que no ha muerto, no, en los catalanes corazones
la ardiente fe heredada de nuestros antepasados
 

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